Cómo solicitar a tu escuela o liceo que deje de entrenar para el SIMCE

El entrenamiento para el SIMCE es una mala práctica muy difundida que ha surgido en forma espontánea en los centros educativos con objeto de mejorar su puntaje. Las motivaciones detrás de esto no suelen ser mejorar la educación ni generar aprendizajes profundos y complejos de forma más activa. Más bien se trata de mantener la imagen de la escuela que podría ser dañada por un puntaje bajo. En una Investigación realizada por el Centro de Políticas Públicas de la U. Católica y el Centro Mide UC se detectó que “97% de los directivos dirige colegios donde se hacen pruebas de ensayo y, además, el 78% también señaló que se realizan clases de reforzamiento”. Sin embargo, no existe suficiente evidencia para demostrar que el entrenamiento SIMCE funcione ni siquiera para mejorar el puntaje. Sin embargo, la razón más importante para erradicar estas malas prácticas es que no generan buenos aprendizajes, empobrece la creatividad y desmotiva a los estudiantes. Se pierde un tiempo valioso que podría ser aprovechado para construir mejores experiencias de aprendizaje.

¿Quién toma estas decisiones?

En general esto lo decide la Dirección y Unidad Técnico Pedagógica y a veces en el Consejo de Profesores o GPT. También los Sostenedores, Corporaciones o La Administración Municipal suele ejercer presiones en este sentido. No hemos encontrado investigación crítica sobre el daño que estas prácticas hacen a los estudiantes. Suele ser una decisión impuesta y no reflexionada ni consensuada en la Comunidad Educativa. Es una práctica muy difundida que hace se hace en la mayoría de los colegios, escuelas o liceos, como muestra esta investigación.

¿Qué pueden hacer lxs apoderadxs para cambiar esta práctica?

Lo primero que aconsejamos es buscar aliados de manera informal en la escuela. Por ejemplo: tantear lo que piensan los profesores (hay muchos descontentos y en desacuerdo) y también los otros apoderadxs. Lo puedes intentar en las conversaciones cuando esperas por tu hijo o hija o en la reunión de apoderadxs.

Si hay un grupo interesado o también de forma individual se puede redactar una carta a la Dirección y al Profesorado planteando estas inquietudes y solicitando una respuesta y justificación pedagógica de esta práctica (la cual no existe). En nuestra experiencia, debido a que el sistema de contratación de los profesores les desempodera (contratos temporales, la organización jerárquica de la toma de decisiones en los centros chilenos) estos tienen un miedo más que justificado a plantear este tipo de cambios, ya que de hacerlo son etiquetados como conflictivos, se les llama al “orden” y no se les contrata nuevamente. Sin embargo, los apoderados tienen más poder y el sistema chileno no puede dañarles sin transgredir la ley. Pero es necesario ser estratégico para que el intento de cambio tenga repercusión.

Si no hay respuesta, se puede escribir una carta abierta a la comunidad del liceo o escuela, enviarla a periódicos o sitios web ciudadanos y difundirla por redes sociales para concienciar. Animamos a los apoderados que se interesan por la educación de sus hijxs a intentarlo. En nuestra web ofrecemos consejos, ayuda y asesoría gratuita para llevar adelante estas iniciativas de cambio con esta u otras estrategias.

Resumen de la estrategia. 1. Tantear intereses en la escuela y buscar aliados. 2. Redactar una carta en conjunto. 3. Buscar firmas. 4. Enviar la carta y solicitar respuesta por escrito. 5. Si no hay respuesta, iniciar una campaña a través de una carta abierta para visibilizar el problema.

¿Qué argumentos se pueden utilizar en la carta?

Se pueden emplear los siguientes argumentos:

1)Se trata de una práctica que no tiene evidencias de mejora en el resultado SIMCE. Y tampoco cuenta con evidencias de que genere buen aprendizaje (profundos, complejos, para la creatividad, para la resolución de problemas desde la transciplinariedad, etc.).

2)Se desperdicia tiempo valioso que podría utilizarse en crear experiencias que permitan desarrollar aprendizajes más complejos, creativos, profundos y críticos.

3)No desarrolla la creatividad ni la agencialidad (agency) de los estudiantes, que se acostumbran a que siempre existe una sola respuesta correcta y deja en segundo plano la reflexión y el pensamiento crítico.

4)Genera desmotivación y aburrimiento en los estudiantes y les impide disfrutar de aprender.

Hemos preparado una carta modelo que puedes usar y transformar a tu gusto.  Para acceder tienes que crear un usuario en el sitio. Solo toma 3 minutos. Crea el usuario haciendo clic aquí.

Anímate. Puedes usar nuestro sitio web para difundir tu experiencia y la carta. También ofrecemos apoyo y asesoría gratuita a través de internet y redes sociales para llevar adelante iniciativas de cambio. La buena educación la construimos con la participación de todxs.

¿Qué te parece esta estrategia? Critícala, ayúdanos a mejorarla, comenta o comparte una que consideres más adecuada.

Miguel Stuardo Concha es estudiante del Doctorado en Educación en La Universidad Autónoma de Madrid. Ha realizado el Máster en Calidad y Mejora de La Educación (UAM). Es Profesor de Castellano y Comunicación y Licenciado en Educación (UFRO). Investiga sobre asesoramiento educativo, educación y justicia social. Visita su perfil en Research Gate ¿Te gustan las publicaciones de Miguel? Tal vez te interesa financiar su trabajo independiente con una microdonación y hacerlo sostenible. Donar via Mercadopago aquí -O- Donar via Paypal acá

2 comentarios en “Cómo solicitar a tu escuela o liceo que deje de entrenar para el SIMCE

  1. ¿Y los profesores? Los profesores hemos perdido la convicción de que la lectura, la buena literatura pueden entusiasmar a las nuevas generaciones. Hemos convertido la lectura, que es un goce, un placer, un “vicio impune”-como decía Borges-, en una obligación, en una rutina tediosa y mecánica. Hemos desoído el consejo de Gabriela Mistral: “No coloquéis sobre la lengua viva de los niños, la palabra muerta”. Olvidamos que no hay un solo ser humano que no quiera que se le cuente un cuento. Dejamos de ser los narradores que debíamos ser para convertirnos en pasadores de materia.
    El sistema nos obligó a ser esclavos de indicadores externos. Este mismo indicador de la lectura (la prueba Simce) corre el riesgo de profundizar el problema en vez de solucionarlo y es probable que los “especialistas” quieran ahora aplicar con más intensidad sus recetas, recetas que son coadyuvantes del mismo fracaso. ¿Y adónde nos llevan esas recetas? A que los niños, en vez de leer a Homero, los hermanos Grimm o los cuentos populares chilenos -e identificarse con sus héroes y míticas hazañas-, lean artículos periodísticos breves para responder pruebas de alternativa. Esos niños que serán jóvenes, frente a las pobres alternativas que se les ofrecen en el colegio y la casa, solo anhelarán que llegue el fin de semana para “borrarse” en carretes cada vez más proporcionalmente alienantes al sinsentido ambiente.
    Son los hijos del hastío y ya no saben leer.
    El Mercurio 9/6/16

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