Me dijeron que mejor lo cambiara de colegio: carta abierta de una apoderada

“Me dijeron que mejor lo cambiara de colegio, porque la Ley de Inclusión opera dependiendo del Director(a) y de cada proyecto educativo” relata un extracto de la carta abierta enviada a esta comunidad por una apoderada. En ella relata en forma anónima una experiencia de discriminación y presiones agresivas por rendir académicamente de parte de una docente hacia su hijo que vive un Trastorno del Espectro Autista (TEA). Describe su punto de vista sobre cómo el colegio actuó ante su denuncia, el papel de la Superintendencia y la Corporación Municipal en su caso. Analiza cómo el proyecto educativo considerado de excelencia académica y la presión por obtener resultados SIMCE está asociado a la discriminación y presiones por rendir que recibió su hijo en el aula. ¿Cómo se resolvió? ¿Qué solución le dieron a su caso? Te invitamos a leer esta carta abierta y participar compartiendo tus experiencias y opiniones.

La carta abierta

Estando en mi casa un día recibo un llamado telefónico de una apoderada de la escuela de mi hijo, muy ansiosa me dice: ¿tú sabes lo que pasó a tu hijo en clases de lenguaje el otro día?

No, le contesté. Me dice, mi hija me contó que la profesora había sacado fuera de la sala a tu hijo, con mesa y silla. Mi hija se enojó mucho le dijo a la profesora ¿por qué hace eso, no ve que lo está dejando en vergüenza delante de todos nosotros? A continuación, la apoderada indignada me dice, “tú tienes que hacer algo, esto no puede quedar así”.

Yo recordaba después de la conversación con la apoderada, que en la última reunión varios padres se habían quejado del maltrato que ejercía la profesora con algunos niños del curso. Conversé con mi hijo y ratificó lo señalado por la apoderada, “si mamá, porque yo no avanzaba en una tarea se enojó y tomó la silla y después la mesa y me sacó de la sala, después cerró la puerta, yo no sabía por qué hacía eso, me dio mucha vergüenza”. Cabe consignar que el niño quedó al lado de la escalera, incluso lo vio una paradocente.

Esto sucedió un Viernes, el día Lunes me presento ansiosa a la escuela, nadie me quería atender, no me dejaban hablar con la directora (pensé no hablar con la profesora porque sentía temor que la situación volviera a repetirse y porque habían antecedentes en torno a la conducta de la profesora). Tuve que decir que iría a la Corporación de Educación y ahí recién me atendió el Encargado de Convivencia de la escuela. Relaté lo ocurrido y pedí que se activara el protocolo del Manual de Convivencia para casos de maltrato y discriminación, se me prometió que se haría una investigación. A continuación, me dirigí a la Corporación de Educación, me señalaron que fuera a la Superintendencia de Educación a dejar la denuncia. Una vez en ella, me dijeron que no hiciera una denuncia, sino una constancia y que enviarían un correo a la Encargada de Convivencia Escolar de La Municipalidad para que interviniera en el caso ante el colegio. Finalmente me dijeron que mejor lo cambiara de colegio, porque la Ley de Inclusión opera dependiendo del Director(a) y de cada proyecto educativo. Esto me sorprendió mucho, porque sentí que la institucionalidad en la materia está a años luz de garantizar los Derechos de los Niños de este país. Pensé, esto depende de cada Director(a), e inmediatamente visualice a este actor con una autoridad y poder que nadie hoy supervisa y(o) asesora.

La Corporación de Educación nunca me contactó, pese a haber dejado una carta explicando lo sucedido, tampoco la Coordinadora de la Escuela, la Encargada de Convivencia Escolar o la Trabajadora Social que me escuchó y tomó nota del caso (anotaron mi teléfono y datos). Finalmente y solapadamente la escuela me señaló que el niño recibiría las disculpas de la profesora, quien nunca habría reconocido su falta, señalando como argumento que había sacado fuera de la sala al niño para que se concentrara mejor. En la escuela, negaron que hubiera habido otras denuncias similares y que no habían más quejas sobre la profesora. En fin, no hubo reconocimiento desde el colegio del daño ocasionado al niño y menos de la profesora, nunca pude hablar con la Directora del colegio.

El niño recibió las disculpas, pero eso no cambió en nada la situación, siguió siendo hostilizado por la profesora durante las clases, le gritaba y golpeaba la mesa para que se apurara. Finalmente lo cambié de colegio, fue muy doloroso dejar su escuela y a sus amigos.

Si en la escuela me hubieran acogido, no habría tenido que llegar a la Corporación y a la Superintendencia de Educación. Si estas entidades no solo hubieran conocido del caso, sino hubieran tomado acciones en torno al mismo se estaría previniendo que a futuro otros niños(as) sean vulnerados en sus derechos, si hubiera existido un reconocimiento por parte de la escuela de la condición de mi hijo (TEA), lo habrían apoyado para que no perdiera la ganancia más valiosa que había logrado los últimos dos años en la escuela, sus amigos.

La escuela hoy no posee Proyecto de Integración Escolar (PIE), fue retirado porque el centro educativo no tenía un espacio físico para el programa, tampoco existe hoy apoyo de Educadora Diferencial para segundo ciclo. Además la escuela argumenta que su proyecto educativo está orientado a la excelencia académica y que deben responder con celeridad a las metas y resultados que les exige el Ministerio de Educación donde por supuesto se cuenta el SIMCE. Cabe inferir entonces que niños con condiciones y necesidades educativas diversas no se ajustan al logro de sus objetivos, siendo esto así, ¿Dónde y cómo se incorpora en la escuela el principio de Inclusión, acorde al reconocimiento del valor y dignidad de cada Niño y Niña de este país?

¿Te interesa indagar más sobre el tema? Participa en la investigación libre y abierta: La Superintendencia de Educación al desnudo: ¿Cómo investigan las denuncias? Más detalles sobre cómo participar en este enlace: http://www.escuelasparalajusticiasocial.net/la-superintendencia-de-educacion-al-desnudo-proyecto-de-investigacion-libre-y-abierto/

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